“Entre el ikʉn y el español: vivir y hablar entre dos mundos”, nueva entrada de blog de Ana Isabel García Tesoro

Entre el ikʉn y el español: vivir y hablar entre dos mundos

Ana Isabel García Tesoro

En la Sierra Nevada de Santa Marta, hablar una lengua nunca se trata simplemente de elegir un medio de comunicación. La lengua que se emplea en casa, en la escuela, ante una autoridad o con una persona llegada de fuera dice también quién pertenece a la comunidad, qué saberes se transmiten y qué relaciones se establecen entre quienes participan en la conversación. En Simunurwa, comunidad del Resguardo Indígena Arhuaco situada en el municipio de Pueblo Bello (Cesar), el ikʉn y el español coexisten en la vida cotidiana de sus habitantes, pero no ocupan los mismos espacios ni poseen los mismos significados.

Desde fuera, esta situación de bilingüismo podría describirse de manera sencilla: el ikʉn es la lengua indígena del resguardo y el español, la lengua nacional. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja. Los habitantes de Simunurwa no pasan mecánicamente de un idioma a otro como quien cambia de código. Sus formas de hablar son el resultado de historias familiares, experiencias escolares, experiencias de movilidad fuera del resguardo, así como relaciones con instituciones y poblaciones hispanohablantes. Escuchar sus voces permite comprender que vivir entre el ikʉn y el español no significa habitar dos mundos completamente separados, sino construir cada día maneras propias de relacionarlos.

El ikʉn: lengua, identidad y territorio

La Sierra Nevada de Santa Marta es un territorio de enorme importancia ecológica, cultural y espiritual. En ella habitan los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo, cuyas formas de vida se encuentran estrechamente vinculadas con el territorio y con un sistema de conocimiento ancestral reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. El ikʉn, perteneciente a la familia lingüística chibcha, es una de las lenguas indígenas con mayor número de hablantes en Colombia y mantiene una importante transmisión entre generaciones.

En Simunurwa, el ikʉn continúa siendo la lengua habitual de muchas familias. Se aprende en casa, en la convivencia con padres y abuelos, y acompaña la transmisión de conocimientos, prácticas comunitarias y formas de comprender el territorio. Cuando una entrevistada recordó cuál había sido su primera lengua, su respuesta fue inmediata:

—¿Cuál fue la primera lengua que aprendiste?
—Arhuaco.
—¿Dónde lo aprendiste?
—En la casa. […] Vivíamos más como con los abuelos, que muy poco manejaban el español también, entonces siempre era arhuaco.

En este testimonio, la lengua aparece vinculada a la casa y a los abuelos, es decir, a una historia afectiva y familiar. Otros hablantes insisten en emplearla con sus hijos. Uno de ellos afirmaba:

«Ika, ika, nunca ni una palabra en bunachi[1]. […] Nunca a mis hijos le hablé en bunachi, nada, nada, ni una palabra».

La transmisión no está, sin embargo, completamente garantizada. Algunas personas jóvenes y adultas se describen con una frase tan breve como reveladora: «la entiendo, pero no la hablo». Pueden seguir conversaciones en ikʉn, pero responden habitualmente en español y, en ocasiones, tampoco transmiten la lengua originaria a sus hijos. Estos casos siguen siendo minoritarios en Simunurwa, pero muestran que el desplazamiento lingüístico rara vez ocurre de forma repentina: comienza a menudo con cambios pequeños en los usos familiares y con la reducción de los espacios en los que una lengua se considera necesaria.

El español: una lengua necesaria

Si el ikʉn representa para muchos hablantes la familia, la cultura y el territorio, el español se relaciona principalmente con la escuela y con las posibilidades de desenvolverse fuera de la comunidad. Permite estudiar, realizar trámites, comunicarse con las instituciones, acceder a determinados empleos y relacionarse con quienes no hablan ikʉn. Su aprendizaje no se percibe, por tanto, como algo prescindible. Saber español es una necesidad en una sociedad en la que buena parte de la educación formal, la administración y la vida económica funciona en esa lengua.

Para muchos hablantes, el español fue una lengua aprendida en la escuela. Esto significa que ingresar al sistema educativo no implicaba únicamente aprender nuevos contenidos: suponía hacerlo mediante una lengua que en algunos casos todavía se comprendía con dificultad. Un entrevistado recordaba que el español le resultaba «totalmente extraño» y que en el bachillerato sufrió burlas por su manera de expresarse en esta lengua. La escuela, que debía facilitar el acceso al conocimiento, podía convertirse también en el lugar donde el modo de hablar aprendido en la comunidad era corregido o desvalorizado.

El espacio intermedio: el español de contacto

Hablar de ikʉn y español como si fueran dos sistemas herméticamente separados deja fuera una parte esencial de la experiencia bilingüe. Quienes aprenden y emplean ambas lenguas construyen repertorios en los que los recursos disponibles se relacionan continuamente. El español hablado en la comunidad adquiere así características propias: no es idéntico al español de las ciudades cercanas ni puede explicarse simplemente como una suma de supuestos “errores de aprendizaje”.

En el sistema de pronombres, por ejemplo, algunos bilingües emplean lo para referirse a objetos masculinos y femeninos, o pueden omitir el pronombre en determinados contextos. Estas elecciones no aparecen de manera aleatoria. Se relacionan, entre otros factores, con el carácter animado o inanimado de aquello a lo que se hace referencia y con las trayectorias bilingües de los hablantes. El contacto con el ikʉn, lengua que no organiza el género gramatical de la misma manera que el español, favorece una reorganización de posibilidades que ya existen en el propio sistema español.

Lo importante, desde una perspectiva divulgativa, no es memorizar los detalles de ese funcionamiento, sino cambiar la pregunta. En lugar de preguntar por qué los bilingües “se equivocan”, cabe preguntarse qué regularidades siguen sus usos y qué nos enseñan sobre la capacidad humana para crear gramáticas adaptadas a distintos contextos. El español de contacto no es una versión incompleta situada a medio camino entre dos lenguas. Es una variedad desarrollada por hablantes que organizan de manera coherente y creativa los recursos de su repertorio.

¿Quién decide qué significa “hablar bien”?

Las variedades de contacto no reciben prestigio únicamente por sus características lingüísticas. Su valoración depende, en gran medida, de la posición social de quienes las hablan. Una pronunciación, una concordancia o una construcción gramatical pueden pasar inadvertidas cuando se asocian con grupos prestigiosos y convertirse en objeto de burla cuando identifican a hablantes de origen rural o con menor acceso a la educación formal.

Los propios bilingües pueden interiorizar estas valoraciones y describir su español como deficiente, incluso cuando se comunican eficazmente en él. Una joven arhuaca resumió con particular claridad las consecuencias de esa inseguridad:

«Cuando tú no hablas bien el español […] la discriminación es una de las cosas más fuertes que nos toca enfrentar cada vez que uno sale de la comunidad […]; a veces te aferras a no hablar, a callarte y […] empieza a ganar el miedo».

El miedo del que habla no surge de una incapacidad lingüística, sino de una relación desigual. Ante personas que se consideran superiores porque “hablan bien” el español, callar puede convertirse en una estrategia de protección. Decir a alguien que habla “mal” no es una observación neutral. En contextos históricamente marcados por la imposición del español, puede reproducir la idea de que la lengua y los conocimientos de la comunidad tienen menos valor. Reconocer la legitimidad del español de contacto no significa negar la utilidad de aprender registros formales o escritos; significa evitar que una variedad normativa se utilice como medida de la inteligencia, la capacidad o la pertenencia social de sus hablantes.

Hablar entre dos mundos no significa pertenecer a medias

Los habitantes de Simunurwa necesitan el español y, al mismo tiempo, atribuyen al ikʉn un lugar central en su identidad, su memoria y su relación con el territorio. Estas posiciones no son necesariamente contradictorias. Una persona puede querer que sus hijos dominen el español para estudiar y desenvolverse fuera de la Sierra, y también considerar imprescindible que aprendan ikʉn para participar plenamente en la vida de la comunidad.

El desafío consiste en que esa convivencia no obligue a elegir una lengua a costa de la otra. Para ello, es necesario que el ikʉn pueda seguir utilizándose en la familia, la educación, las actividades comunitarias y la transmisión de conocimientos; y que las formas de español desarrolladas por los bilingües no sean tratadas como señales de inferioridad.

Vivir entre el ikʉn y el español no significa pertenecer a medias a dos mundos. Significa habitar un territorio bilingüe y construir puentes entre espacios que poseen funciones y valores diferentes. Escuchar cómo los propios arhuacos explican sus lenguas permite abandonar las imágenes simplificadoras del bilingüe dividido entre dos códigos. Sus prácticas muestran, más bien, que hablar es también recordar, pertenecer, desplazarse, aprender y negociar un lugar frente a los demás.

Quizá por eso la pregunta más relevante no sea cuál de las dos lenguas representa mejor a los hablantes, sino qué condiciones permiten que puedan emplear ambas sin que ninguna de ellas —ni quienes la hablan— sea silenciada.

([1] Persona de afuera, se extiende metonímicamente a español).

Para saber más

García Tesoro, A.I. (2026). Actitudes lingüísticas en bilingües ikʉn-español. En Palacios, A. y Gómez Seibane, S. (Eds.), Lenguas en contacto: ideologias, actitudes, representaciones y construcciones identitarias (pp. 127-145). Madrid/Frankfurt: Iberoamericana/Vervuert.

Ministerio de Cultura de Colombia. (2013). Diversidad lingüística en Colombia. Ministerio de Cultura.

Ospina Bozzi, A. M. (2015). Mantenimiento y revitalización de lenguas nativas en Colombia: reflexiones para el camino. Forma y Función, 28(2), 11–48. https://doi.org/10.15446/fyf.v28n2.53538

Trillos Amaya, M. (1995). Multilingüismo en la Sierra Nevada de Santa Marta. Thesaurus, 50, 293–306.

Las voces citadas proceden de entrevistas realizadas en Simunurwa en el marco del proyecto «Dinámicas lingüísticas del español en contacto con el arhuaco en la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia)», financiado por el Comité para el Desarrollo de la Investigación de la Universidad de Antioquia (Acta nª 2022-52070 del 20 de octubre de 2023).


Cómo citar la entrada:

García Tesoro, Ana Isabel (2026): “entre el ikʉn y el español: vivir y hablar entre dos mundos.” Recuperado de: https://espanolcontacto.unirioja.es/index.php/2026/09/10/entre-el-ikun-y-el-espanol-vivir-y-hablar-entre-dos-mundos/